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Cecil

2015.08.15

La muerte de Cecil ha levantado una oleada de indignación en todo el mundo. Las noticias, en principio confusas, apuntaban a un cazador de origen español, que, finalmente resultó ser un dentista aficionado a la caza, de nacionalidad americana, con un largo historial depredador de grandes especies en peligro de extinción (elefantes, rinocerontes, búfalos, leopardos, osos).


No hace falta repetir las circunstancias en que se dió muerte a una criatura tan bella como Cecil, el león de la reserva nacional de Zimbabwe (Hwange National Park), pero quede constancia de que fue abatido con flechas, para evitar el ruido y alertar a los guardas y agonizó durante largas horas, antes de ser decapitado y desollado. Del hermoso animal que había liderado la manada de la reserva, quedaron esparcidos sus despojos y vísceras, a merced de cualquiera. El cazador y sus ayudantes, se llevaron los trofeos de caza para exhibirlos, probablemente, en cualquier pared y rememorar una aventura africana, artificial, cruel y obscena.



Quedan alrededor de 3.500 ejemplares de leones macho en el mundo. Es una especie seriamente amenazada y la sangría continúa, si se tiene el suficiente dinero para procurarse una batida y cazarlos, como se ha hecho con Cecil. En las mismas circunstancias se encuentran otros grandes mamíferos, que nos dejarán más pobres y más desolados en esta tierra, si seguimos empeñados, recalcitrantemente, en cazarlos y en exhibir sus restos.

La respuesta ante la caza de Cecil ha sido de repulsa unánime y, a pesar de haber transcurrido los días, no decrece sino que se acrecienta en todos los rincones del mundo. De forma emblemática, el Empire State se revistió de la efigie de Cecil y de otros animales en peligro de extinción, en un homenaje cuyo autor no fue otro que Louie Psihoyos, premiado fotógrafo de National Geographic, el autor del oscarizado documental "The Cove", sobre la anual matanza de delfines en Taiji (Wakayama), del que ya nos ocupamos en su momento en esta misma sección[1].

¿Qué ha hecho de la muerte de Cecil algo diferente de la de otros leones, elefantes, tigres, leopardos, osos, búfalos, que son abatidos sin piedad, diariamente, en muchos rincones del mundo?. Desde luego Cecil era hermoso, con una cabeza sobresaliente, unos ojos expresivos, de color ámbar, un cuerpo lleno de vigor, a pesar de sus casi 13 años. Creo que todos los que hemos visto sus imágenes, nos hemos quedado prendados de su magnífico porte, de su gesto sereno y dominante. Por eso, porque además tenía un nombre propio, muchos hemos interiorizado el drama de no poder seguir disfrutando de la vida en su propio territorio. Quizá haya mucho de desconocimiento en esa nostalgia por la vida salvaje, no lo niego, pero lo que sí es cierto es que a muchos se nos han revuelto las tripas al pensar que una criatura, en plena naturaleza, puede ser el capricho de un rico descerebrado, que practica la caza como deporte, sin riesgo. No obstante, vale la pena leer el artículo publicado en el NYT: "In Zimbabwe, we don't cry for lions", para ponderar la situación real en la que viven los habitantes de uno de los países mas devastados por la miseria, donde la vida diaria de humanos y animales es de una dificultad sin paliativos.

Varias compañías aéreas, entre las que destacó Delta airlines por su pronta reacción, han prohibido el transporte de trofeos de caza de grandes especies amenazadas. A esta reacción, en la que ya se incluían un nutrido grupo (Air France, KLM, Iberia, IAG Cargo, Singapore Airlines y Qantas), se han sumado las dos grandes compañías americanas United Airlines y American Airlines. Acabar con la caza, llamada deportiva, en África no va a ser fácil. Es una verdadera industria de lujo que mueve millones y que desplaza a cazadores de todo el mundo, que forman un lobby muy poderoso.

Las asociaciones profesionales de cazadores, tal como la International Professional Hunter's Association, no se recatan en ofrecer entre su "merchandising", emblemas que no ofrecen dudas sobre cúales son sus objetivos: osos, elefantes, tigres.



Que en dicha propaganda usen términos como Integridad, Conservación, Utilización, no responde más que a una mística que desapareció en 1953 con "Mogambo". Por mucho que prediquen desde sus foros profesionales que su misión es la conservación de la vida salvaje, la profesionalización y las prácticas éticas en la caza -lo que, por descontado, no pongo en duda-, resulta difícil compaginar tan nobles propósitos con la realidad de satisfacer un capricho lujoso, llevándose por delante animales que han nacido para vivir, no para morir de un balazo.


Los gobiernos son conscientes, desde ahora, de que no resulta defendible volver la vista para otro lado y seguir permitiendo prácticas como la caza deportiva que resultan abrumadoramente rechazadas por la ciudadanía global. Las normas legales precisan de una revisión, a la luz de las nuevas necesidades de nuestro ya escaso patrimonio natural, justamente el que compartimos con los animales.

LA EDITORA
Teresa Giménez-Candela
Catedrática de Derecho Romano
Directora del Master en Derecho Animal y Sociedad
Directora del SGR Grupo de Investigación ADS
Universitat Autònoma de Barcelona
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[1]VId. GIMENEZ-CANDELA, M., Un Oscar sin glamour: "The Cove"

keys cecil, caza , derecho , legislación

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